Archivo de la etiqueta: misión

Mi Andar en el Camino de Santiago

En el momento que supe que viviría en España, sabía que habría oportunidad de hacer cosas que dificilmente olvidaría. Sin embargo, hay una que me ha dejado marcado y se llama el Camino de Santiago.

El Camino de Santiago es el nombre que lleva una ruta de 764 kilómetros que va desde Saint Jean Pie de Port en el oeste de Francia hasta la ciudad de Santiago de Compostela en el oeste de España.

A lo largo del tiempo se han hecho diferentes rutas que se adaptan a las capacidades de miles de peregrinos. Todos ellos tienen la meta de llegar a los pies del apostol Santiago en la Catedral de Santiago. La meta para los miles de peregrinos, que por diversas razones,  año con año llenan esta ruta considerada sagrada por muchos.

Mis Razones

Hacer el Camino de Santiago ha sido por muchos años una meta que tenía. No sabía cuándo ni como hacerla. Al estar en España, la posibilidad de realizarla se veía más latente. Sin embargo pasaba el tiempo y a veces parecía imposible poder hacerlo.

Cuándo supe que me iría de España al final del verano, el tiempo lo tenía encima. Asi que dentro de las prioridades en la lista de pendientes estuvo hacer El Camino de Santiago. La ruta completa no era opción ya que para ella se necesitan más de 25 días.

Por lo tanto, mi planeación consistió en pensar en una distancia que podría recorrer en seis o siete días, no tenía tiempo para más. Al mismo tiempo, quería que fuera un reto y no solo un paseo. Por lo que al menos serían 200 kilómetros y 300 máximo. Al final, decidí salir desde un poblado llamado Astorga, a “260” kilómetros de Santiago.

La razón era simple. Dar gracias y nada más. Quería dar gracias por lo mucho que he recibido este año en España y no nada más aquí, sino a lo largo de mi vida. Me considero alguien muy afortunado de lograr lo que he logrado y vivir lo que he vivido. Al mismo tiempo de tener a gente como ustedes cerca para seguir en esta aventura deportiva.

Día 1 (Inicia la Aventura)

El mismo día que desocupé el departamento donde viví los últimos ocho meses de mi vida, fue el día que me dirigí a Astorga para inciar un reto y a la vez un sueño. A las 3:30 pm del sábado 30 de junio inició mi peregrinación a Santiago de Compostela desde la Catedral de Astorga.

Con la credencial sellada en un albergue y una mochila cargada con ropa y provisiones para una semana, inicié un camino tan soñado como desconocido. No quise ver fotos del mismo para no crearme expectativas. Quería que el Camino me fuera sorprendiendo y simplemente avanzar hasta dónde mi cuerpo se sintiera capaz.

Los primeros kilómetros fueron un paseo muy agusto, sin cambios de elevación y un clima fresco. No tenía idea de lo que me esperaba y la verdad me alegro que haya mantenido un cierto grado de inocencia al principio. Ese día acabé en un pueblo que se llama Foncebadón, a 1,300 metros sobre el nivel del mar.

Al albergue en este punto llegué apenas para ocupar la última cama disponible. Mi cena consistió en un par de barras energéticas y agua que aún tenía en un bote. Me bañé y para las 10 de la noche todos estaban dormidos, así que yo también tuve que hacer lo mismo. 30 kilómetros en el primer día eran un calentamiento para lo que vendría.

Día 2 (Aprendiendo Sobre la Marcha)

Mi plan era salir a caminar cerca de las 9 am o tal vez 10. Sin embargo, mi sorpresa fue que a las 6 am todos en el albergue ya estaban despiertos. Muchos ya habían comenzado su caminar antes de las 7 am. Yo si me tomé mi tiempo y bajé con calma a desayunar pero para las 8:30 ya estaba camino a mi segunda parada que estaba por definirse.

Los primeros kilómetros fueron bajo una capa de niebla impresionante. En ese momento estabamos más arriba que las nubes y así llegué al punto más alto de la montaña. El descenso fue gradual. El primer día caminé completamente solo, pero ahora ya vi gente desde el momento en el que salí del albergue.

Me di cuenta poco a poco de la multiculturalidad que hay a lo largo del camino. Peregrinos de Estados Unidos, Australia, Brasil, Colombia, Francia y demás países estaban siendo represenatdos. Cada quien a su paso y cargando con sus propios propósitos.

Ese día aproveché para ir platicando con gente. Además, me adaptaba al paso de otros y no me importaba ir atrás de gente con tal de no ir solo. Sin embargo, me di cuenta que no estaba avanzando mucho. Mi meta era bastante ambiciosa y pues cualquier avance que podría tener era bueno.

Al pasar por una capilla, comenzó a llover, así que en vez de salir a mojarme me quedé a rezar. En cuánto sentí que amainó la lluviá continué pero con un paso un poco más acelerado. No quería correr, pues era parte del reto que me había propuesto. Llegué a comer a Ponferrada, y tras la comida seguí unas tres horas más a mi destino final.

Al ver como mi contador de pasos me indicaba que había superado los 40 kilómetros, ya sólo me faltaban dos para el siguiente pubelo. Así que decidí que 42 kilómetros eran más que suficientes por ese día. Al llegar solo dió tiempo para conocer a mis compañeros de cuarto, ir a cenar pasta y regresar para bañarme y dormir temprano.

Ese día aprendí que tener un buen ritmo desde el principio me podía ayudar a tener más tiempo de descanso en la tarde. Por lo regular los “peregrinos” salen a caminar a las 7:00 am y acaban su jornada a las 3 ó 4 pm. A partir de esa hora los albergues se comienzan a llenar y si los pueblos son chicos, puede que no haya espacio para los rezagados.

El Camino, como la vida, es un aprendizaje continuo y esta historia continuará. Estos fueron apenas los primeros 72 kilómetros de la aventura rumbo a Santiago de Compostela.