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Cuándo La Tercera Es La Primera

Los dos primeros años del Triatlón Sprint Deportemanía los viví detrás del lente de una cámara de video. El tercer año fue diferente, el tercer año me uní a los casi 300 atletas que participaron de un evento que empieza a llamar la atención a nivel nacional.

Recuerdo cuándo platicaba en el 2015 con Arturo López de que tan loca era la idea de hacer un triatlón en la zona, pero también era una decisión en la dirección correcta. En este 2017 coincidimos en que esto ya no es un sueño, es una realidad que merece que se vea.

En las dos primeras ediciones quise ayudar promoviendo el evento con trabajos periodísticos. En el 2016, mi trabajo estuvo nominado al Premio Municipal del Deporte en Periodismo Deportivo. Ahora lo viví como uno más y admitó que lo disfruté más.

La Preparación

Debido a que mi trabajo no permite planear muy a futuro, fue apenas hace dos semanas que sabía que iba a poder participar. Me había mantenido activo, pero sin meta en puerta había poca motivación para entrenar y los resultados no se daban en las sesiones.

En cuánto supe que si iba a poder ser parte de esto, el chip cambió y la primera semana de entrenamiento (de dos) fue muy buena. Parecía que de la noche a la mañana recobré fuerza y energía para hacerle como si hubiera estado entrenando durante meses.

Para no hacer el cuento largo. Después de 12 días de entrenamiento llegó el día de competir. He hecho triatlones antes, pero nunca uno tan corto y en el que la velocidad determina quien gana y quien se queda con las ganas de ganar.

La Competencia

En punto de las 7:00 am salí a nadar en las aguas del Golfo de México. Con el sol pegando de frente era difícil ver la primera boya y el camino a ella se me hizo eterno. Sin embargo, sentí que había agarrado buen ritmo y pude mantnerlo sin problemas.

No vi gente cerca de mi después de los primeros 300 metros. No sabía si iba chueco ó que estaba pasando. Volteaba a ver las boyas de referencia y no veía a nadie cerca. Fiel a mi costumbre no volteaba a ver el reloj pues me podía golpear psicologicamente si es que no andaba bien.

Al salir del agua me di cuenta que habían pasado más de 15 minutos. Para mi sorpresa al salir del agua iba en primer lugar de mi categoría pero esto apenas empezaba.

En la transición de la natación a la bicicleta siempre he perdido tiempo muy valioso. Aquí siento que lo hice bien pero también pienso que lo pude haber hecho mejor. Fue entonces que me alcanzó el que venía atras de mi a la hora de montar la bicicleta.

De las tres disciplinas que componen el triatlón, rodar es la que más se me complica. Sabía que mis opciones de podium estaban en tener una muy buena rodada. Desafortunadamente aunque no rodé mal, otros rodaron mucho mejor que uno.

De ir en primero al salir del agua, caí cerca de siete lugares montado en la bicicleta. Para mi, mantener una velocidad por encima de 30 kilómetros por hora era el plan. Mi plan salió, pero no fue suficiente para estar cerca de los punteros.

Así que después de 21 kilómetros en bicicleta en poco menos de 43 minutos me bajé de la bici y cambié las zapatillas por tenis para correr. La transición fue muy rápida que hasta pensé que se me olvidaba algo, pero no fue así.

Ahí mi plan era atrapar a cuántos pudiera y correr cerca de 22:30 los cinco kilómetros. El sol apenas comenzaba a hacerse sentir y sabía que la meta estaba muy cerca. Nadie me alcanzó en esta parte y logré pasar a cerca de tres competidores de mi categoría.

Además pude mantener un ritmo promedio de 4:33 durante cinco kilómetros después de la rodada. No fue un tiempazo pero me permitió no perder posiciones y acercarme más a quienes acabarían arriba del podium.

Al final crucé la meta en una hora, 24 minutos y 40 segundos. Un tiempo que en cualquiera de las dos primeras ediciones era suficiente para quedar entre los primeros tres de la categoría. Pero debido a que este evento atrae cada año a competidores de mayor nivel, no fue suficiente esta vez.

Análisis en Frio

Me tendré que conformar con el quinto puesto, pero me queda la satisfacción de que hice una buena carrera. En todo estuve dentro de los ritmos que pensaba y sé que puedo mejorar. Me quedé con la espina de no poder subir al podium en casa y que todos los que me ganaron eran foráneos.

Esta vez no se pudo entrar dentro de los primeros tres, pero el esfuerzo ahi estuvo. Nunca he sido un experto en distancias cortas pero para lo que había entrenado no me fue nada mal.

Al final me siento bien por ser parte de algo que busca trascender a pesar de la falta de apoyo. Quienes lo apoyamos, sabemos que es algo con mucho futuro y que pone al sur del estado en los ojos del país. Si se busca promover el turismo deportivo, este evento debe de ser tomado en cuenta. Se debe apoyar y no sólo querer poner el nombre en la lona.

Éxito en Equipo

Felicidades a todos los que formaron parte del evento. Desde organizadores, voluntarios, patrocinadores y por supuesto a cada uno de los competidores. Cada parte es igual de importante para que este triatlón se siga consolidando año con año.

Esperemos que para la edición 2018 se cuente con más apoyo por parte de gobiernos municipales y estatales, además de medios de comunicación. Esta bien que me lo dejen en exclusiva pero por el bien de la zona, se puede trabajar en equipo.

Moviendo el Cuerpo al Ritmo de la Mente

Cinco semanas es poco más de un mes, pero mucho menos de lo que se requiere para estar listo para un Ironman 70.3. Una prueba de 113 kilómetros dividida en tres partes como lo son 1900 metros de nado, 90 kilómetros de bicicleta y 21.1 kilómetros corriendo.

Cinco semanas fue el tiempo que tuve para ir de muy apenas correr 20 minutos sin problemas a 113 kilómetros casi sacando el corazón. Cinco semanas de incertidumbre pensando en que tan mala era la idea de hacer algo así.

Recordando mi Primera Vez

Para mi primer intento en la distancia me preparé con cinco meses de anticipación. Fui poco a poco subiendo la intensidad y el kilometraje de los entrenamientos y entrenaba tres veces al día.

Fue un proceso muy largo que parecía por momentos interminable. Llegue a las últimas semanas rogando que ya llegara la fecha. Mi cuerpo no podía aguantar muchos días más a ese ritmo.

Al mismo tiempo, en mi vida me había sentido tan bien fisicamente. Había bajado siete kilos en los entrenamientos. Recurrí a procesos como el de tomar célular madre para darle a mi cuerpo la energía necesaria.

Todo, absolutamente todo había estado bien planeado y bien estructurado. Con la ayuda de amigos e instructores las cosas se fueron dando para que aquel 30 de octubre yo me sintiera muy confiado que iba a poder con mi primer Ironman 70.3.

Lecciones de Los Cabos

Si algo me enseño Los Cabos es que había que se paciente con el evento. Tu resultado no se decide en los primeros metros del nado, ni en los últimos de la bicicelta. El resultado depende de saber controlar los esfuerzos en cada parte de la prueba.

Al haber terminado Los Cabos 70.3 me di cuenta que si era capaz de hacerlo. Una llanta tronada y una mala señalización en una de las vueltas me dejaron con una espinita de que podría hacer mejor para mi siguiente intento.

Así fue que en febrero me inscribí al Ironman Monterrey 70.3. Un circuito que en el papel pintaba mucho más fácil que el hecho en Los Cabos, pero que requería de estar bien preparado si quería mejorar mis marcas.

Desafortunadamente para mi plan de entrenamiento, mi carga laboral creció en un 200% a los pocos días de haberme inscrito. El crecimiento de este proyecto (OscarSports) fue un impedimento para poder entrenar como esperaba, pero no me arrepiento de nada.

Preparación Para Ironman Monterrey 70.3

Una vez que terminó la temporada de la Jaiba Brava pude regresar a entrenar. Sin embargo ya eran contadas con una sola mano las semanas que faltaban para el gran reto. Cinco semanas no parecían suficientes para algo tan grande como un IM 70.3.

Sin embargo, contaba con la experiencia de ya haberlo hecho, de lo contrario, no creo que le hubiera dado para adelante desde ese punto. Dicen que el cuerpo tiene memoria, y a eso me aferré cada día que pasaba entrenando.

Empecé nadando 500 metros el primer día. Mi primer rodada fue de apenas 30 kilómetros, mi primera corrida de apenas cinco kilómetros. Había mucho espacio por avanzar en poco tiempo pero las cosas se fueron dando y la confianza regresando.

Así que en cuestión de cinco semanas bajé tres kilos de cachete y uno más de panza. Me puse “a dieta” y entrené a tope tratando de no lastimarme haciendo esfuerzos de más. Tuve que cambiar mis tenis y ajustar la bici para soñar en poder terminar.

Los Días Previos

“El cuerpo se acuerda,” era la frase que me repetía constantemente en mi cabeza. Una frase que me daba cierta tranquilidad cuando veía como pasaban los días. Mi distancia más larga nadando fueron 2 kilómetros en 40 minutos. 60 kilómetros en poco más de dos horas rodando y 16 kilómetros en 1:15 corriendo.

El viaje a Monterrey incluía una parada en Saltillo para trabajar con Celestes FC. Algo que modificó mi preparación en la última semana pero a estas alturas del partido, poco podía cambiar. El jueves fue el juego y esa misma noche ya estaba durmiendo en Monterrey.

Para el viernes fue la entrega de paquetes. En Los Cabos tuve a toda mi familia cerca en cada momento. Algo que sin duda me dió fuerza y tranquilidad en aquella ocasión. Aquí estuve con un grupo de amigos.

A pesar de que pasaban muchas cosas en las horas previas y había muchos detalles que ver, yo estaba de cierta forma tranquilo. Repasaba en mi mente los escenarios a los que me podía enfrentar y más ó menos una estrategia que llevar.

En la práctica de nado rodé por un lado del canal en el que se llevaría a cabo la natación. Se me hiceron eternos los 1.9 kilómetros pero me olvidé de eso rápidamente. Vi la calma en el agua y me tranquilicé. Si ya lo había hecho antes, ahora no tenía porque fallar.

Al dejar la bici el sábado en el área de transición yo ya sentía que estaba listo. Me emocioné con lo que pasaba a mi alrededor pues estaba a pocas horas de volver a hacer algo que hace seis semanas estaba casi borrado de mi calendario de actividades.

Día de Ironman

El día que los más de 2,000 atletas esperabamos había llegado. El 14 de mayo fue la fecha que muchos marcamos en el calendario para participar en la cuarta edición del Ironman 70.3 Monterrey. La Macroplaza fue el punto de reunión para preparar las transiciones en una mañana fresca.

He participado en muchos eventos pero a pesar de que el Ironman 70.3 es sin duda el más desgastante de todos, siempre he sentido una tranquilidad que nunca siento en los maratones. Una calma que a veces ni yo me la creo.

La emoción no se me desborda, las ansias por empezar ahí estan y la curiosidad por saber que pasará pasa a segundo plano ya que trato de controlar lo que yo puedo controlar, lo demás lo dejo en manos de Dios y del destino.

En la fila de arranque estaba contento porque había llegado la hora. Me despedí de mis compañeros y solo pensaba en ir paso a paso a la meta. Al brincar al agua los nervios quedaron atras y empezaba mi segundo Ironman 70.3.

El Nado (1900 Metros en 36:14) 

De las tres disciplinas el nado es en la que me ha ido mejor en los últimos triatlones. El día de práctica me había desorientado mucho pero el día de la carrera si pude nadar un una linea. El Paseo Santa Lucia lleno de nadadores era territorio complicado pero lo supe llevar poco a poco.

Aunque se me hizo eterno no me deseperé y con calma fui llegando a cada una de las marcas (cada 500 metros). Los gogles no se me empañaron y no fui golpeado por otros nadadores. Me cuidé mucho de los golpes que me pudieran lastimar y echar a perder el nado.

Los últimos 400 metros fueron los más complicados pues el canal se hizo muy angosto y no había por dónde pasar. Nunca me puse a ver el reloj, solo esperaba ir de acuerdo al plan y salir abajo de 40 minutos. Cuando salí me di cuenta que iba cerca de 36 y entre los mejores 30 de mi categoria.

Bastante contento con un buen nado me dirigí a la transición de la bicicleta. Unos ligeros contratiempos con las mangas hizo que me tardara en salir pero me sentía bien y listo para 90 kilómetros de ciclismo. La parte del triatlón que es mi punto debil.

Ciclismo (90 Kilómetros en 3:31:59)

Tras acomodarme bien en la bici empecé a agarrar ritmo y sentía que me podía ir bien. El recorrido estaba bastante bueno y llevaba buen tiempo. Al ser de los primeros en salir del agua, el tráfico estaba bastante despejado.

Luego vino mi pesadilla. Una ponchada de llanta en una llanta que se me había ponchado en las últimas tres rodadas y que tronó el día que la revise con los del servicio del Ironman.

Ahí perdí cerca de 30 minutos al tener que espera a un técnico para que revisara bien el rin y la cámara. Al terminar la revisión le encontaron un hoyo y tras terminar de resolver el problema pude volver a rodar, rezando que no volviera a pasar.

Desde ese momento, cuando apenas llevaba cerca de 30 kilómetros tuve que emplearme a fondo para reponer parte del tiempo perdido. Aprovechando las buenas condiciones del recorrido pude promediar arriba de 30 kilómetros por hora el resto de la prueba.

Terminando la primera vuelta me sentía bien y la segunda ya con más confianza seguí pasando gente. Alcancé a algunos compañeros con los que había entrenado lo que me motivó a mantener el acelerador a fondo hasta el final de la parte de bici.

Carrera (21.1 kilómetros en 2:17:54)

Habiendo dejado la parte más pesada del triatlón venía la que definía mucho pero para la que menos me había preparado por el corto de preparación. Sin embargo, la corrida es algo que llevo haciendo desde los tres años así que “el cuerpo se acuerda.”

Después de una transición bastante rápida, en menos de tres minutos estaba corriendo tras haber dejado de rodar. Poco a poco agarré ritmo y al final de la primera vuelta alcancé a un amigo para pocos metros después sentir el primer calambre de la tarde.

Mi amigo me dió una pastilla para que el dolor se fuera y seguir con la segunda vuelta. Ya a paso fui avanzando y acercándome a la meta. Me hubiera gustado acabar el medio maratón en menos de dos horas pero el calambre apagó esos planes.

Paso a paso fui avanzando y pronto estaba en el último kilómetro. Ahí pasé a otro amigo y de las 6 personas que pensaba pasar, cinco no era un número tan malo tras la enorme perdida de tiempo con el problema en la bici.

Los últimos metros se me olvidó el dolor y solo disfruté que por fin iba a terminar y no me iban a descalificar. Me emocioné porque logré lo que hace cinco semanas parecía imposible. Porque fuera de todo el dolor corporal, estaba feliz. Así, con los brazos en alto acabé el Ironman Monterrey 70.3 en 6:35:59.

FELICIDAD PURA

6 horas 35 minutos después de haber salido acabé con una misión que parecía imposible. La clave estuvo en siempre creer que podía. Para lo poco que había entrenado, no dude en poder acabar.

El apoyo que había recibido por parte de muchos amigos y familiares en días previos fueron gasolina y motivación pura para avanzar cada uno de los 113 kilómetros de la prueba. No cabía de felicidad al cruzar la meta.

Fue un día en el que terminé dándolo todo, un día en el que me demostré lo fuerte que puedo ser ante la adversidad. Un día en el que moví el cuerpo al ritmo que la mente le dictó porque como siempre dije “el cuerpo se acuerda.”

Otra Oportunidad

Ahora ya me quité la espinita de la descalificación en Los Cabos, pero queda la de los problemas con la bicicleta. Además de que mejoré todos mis tiempos a comparación de lo que hice en octubre. Se que si logro tener una etapa de bici sin problemas, el cuerpo no estará tan cansado para la corrida.

Sueño con bajar de seis horas en este tipo de eventos y porque no, estar cerca de las cinco horas. Sin embargo, por ahora estoy satisfecho con el tiempo, pero más que nada con el esfuerzo.

No le podía pedir mucho más a un cuerpo que hace cinco semanas casi daba por descartado el participar. Por ahora a disfrutar de este logro, que no se consigue todos los días. Soy un finalista de Ironman 70.3.

Conquistando un Ironman 70.3

El 30 de octubre del 2016 cerré una etapa que jamás en mi vida olvidaré, llegué a una meta a la que pocos llegan y me colgué una medalla que representa más que la mayoría. Ese día acabé un Ironman 70.3 en Los Cabos.

Fueron seis horas y 45 minutos de esfuerzo tan solo ese día. Habían sido más de tres horas diarias por más de cinco meses las que le tuve que dedicar para llegar preparado al evento. Momentos alegres, tristes, otros de angustia y algunos muy complicados fueron el preambulo para lo que me dispuse a hacer el domingo pasado.

¿Por Qué? 

Yo ni me consideraba triatleta al empezar el año. Aunque ya había hecho un par en categorias infantiles, lo que podía pensar en hacer este año sería más del triple en cuanto a distancias y no comparemos el esfuerzo que conlleva.

Después de un Maratón de Rotterdam que me dejó con un mal sabor de boca decidí dejar a un lado el maratón temporalmente. Hacer otras cosas que me siguieran retando pero no caer en el vicio del maratón por un buen rato. Empecé a ver videos y fotos de amigos que hacían Ironmans y decidí entrarle a uno. En ese momento no sabía a lo que me metía.

Entrando al proceso yo ya tenía dos ventajas. No le tenía miedo al nado en aguas abiertas y podía correr bien. Mi punto debil era y sigue siendo la parte de la rodada en bicicleta. Tomando en cuenta eso y que necesitaba tiempo para prepararme bien, decidí que mi primer Ironman 70.3 fuera lo más tarde que se pudiera en el año y en México.

La Preparación

De solo ir en bici de mi casa al Oxxo, debía empezar a pensar en hacer eso más de 90 veces para tan solo aguantar el rodar 90 kilómetros. De nadar y/o trotar en una alberca debía empezar a por lo menos nadar 30 minutos continuos. De correr a tope todo el tiempo debía aprender a medir mis esfuerzos ya que posiblemente llegaría cansado a la corrida.

Tendría que escribir un libro completo para detallar como fui progresando conforme pasaba el tiempo. Aunque me salté el competir en la distancia de Triatlón Sprint, cuando llegó el tiempo de participar en el Triatlón de Veracruz, estuve más que listo.

Me junté con un gran equipo de ciclistas que me fue ayudando y dando tips para ser más eficiente a la hora de pedalear. Tuve que tomar una bicicleta prestada para tener algo de menos peso y aprendí a rodar con zapatillas. Aunque la bici no estaba a mi medida (punto a mejorar para la próxima) fue con lo que entrené de agosto a la fecha. Poco a poco fui subiendo las distancias y sabía que estaba listo para el día de la competencia.

Para lo que era el nado debía tener más condición de la que ya tenía y mejorar en la tecnica. Era la técnica lo que me haría más eficiente a la hora de nadar para administrar mis esfuerzos, nadar a buen ritmo y no salir cansado a lo que seguía. Además, me ayudó a saber manejarme en diferentes tipos de corrientes.

En la corrida no tuve que trabajar mucho. Con la condición que me daba el trabajar en el nado y la bici, las cosas se fueron dando en la corrida. Sin emplearme a fondo podía correr un medio maratón en 100 minutos y aunque sabía que ese no sería el caso el día de la carrera, saber que tenía ritmo era suficiente para mi.

Para cada etapa del triatlón tuve gente que me apoyaba con consejos y me empujaba a dar más cada vez. Lo que no hice fue tener un entrenador ó programa de entrenamiento que me dijera que hacer cada día. Yo trabajaba en lo que sentí que debía afinar más sin descuidar lo que ya me venía saliendo bien. Las distancias también eran acorde a eso.

La Caida

Tuve dos caidas de la bici en el entrenamiento rumbo a Los Cabos. La primera no fue de consideración ya que no me impidió seguir entrenando. La segunda, justo cuando estaba en mi mejor momento físico, me impidió hacer muchos esfuerzos por casi una semana.

Esa segunda caida fue en el kilómetro 70-75 de un entrenamiento pactado a 90 en bici. En ese momento pensé que era un simple raspón, pero conforme pasaron las horas y los días me di cuenta que no era así. El dolor para mover el brazo derecho era muy fuerte, correr era molesto, rodar daba miedo y nadar impensable.

De la satisfacción por haberme levantado el día del golpe a terminar los 95 kilómetros, pasé a la frustración por no poder acelerar la recuperación y perder tiempo valioso en la preparación para mi primer IM70.3. Sin embargo esos ratos malos pasan y me ayudaron a tomar con más fuerzas y determinación las últimas semanas rumbo al gran día.

El Viaje 

Siempre había soñado en ir a Los Cabos de paseo, de pesca, a una boda, a una fiesta ó algo así, pero en 27 años nunca se me ocurrío ir para un Ironman, y mucho menos mi primero. Sin embargo, muchos lugares que conozco los conozco porque he tenido que ir a competir ahí, así que ir a Los Cabos era una parada más en el tour.

Tal vez lo mejor de este viaje fue compartirlo con grandes amigos y que mejor que con mi familia. Al principio vieron esto como una locura (quien no) pero con el paso del tiempo sentí más y más apoyo. Al principio pensaba irme solo a Los Cabos, una semana antes del viaje supe que los seis ibamos a estar juntos. Ya no podía ir más motivado que eso.

Me fui tranquilo a Los Cabos. Un domingo antes de la carrera había corrido bien una carrera de diez kilómetros y sabía que el trabajo estaba hecho. Tenía muy claro que estaba bien preparado y que iba a disfrutar mucho mientras trataba de sufrir lo menos posible.

Los días en Los Cabos antes de la carrera para mi se fueron muy rápido pero los pude disfrutar. Ir con personas que iban a lo mismo que yo fue muy reconfortante. Pude haber ido a ver la ruta de la bici pero decidí no hacerlo. Estuve muy tranquilo el fin de semana. La emoción ahí estaba pero siento que la supe controlar.

El Gran Día

Desperté a las 4:30 am. Gracias a Dios no batallé para dormir y me levanté con la misma calma de los días anteriores. Sin sueño y sabiendo que al final del día iba a ser un Ironman 70.3 Finisher. Poco a poco me fui alistando para salir del hotel. Me subí al camión para ir a la salida y caminar a la zona de bicis.

Mientras había ansiedad por lo desconocido, estaba muy motivado por ver el amanecer, a la gente preparándose y dejar mi bici lista para salir del agua y a rodar. A las 6:35 am arrancó la competencia y segundos después yo ya estaba nadando en las aguas del Mar de Cortés.

El NADO (1900 metros)

Sin duda el nado fue la mejor etapa de la competencia. No podías correr mucho al entrar y salias al mismo tiempo que casi 700 nadadores, por lo que el arranque no era fácil. Sin embargo fui muy paciente y aproveche cualquier hueco para avanzar. Siempre mantuve a alguien a mi izquierda para saber que no iba chueco y veía hacia adelante de vez en cuando para no perder el rumbo.

La llegada a la primera boya fue rápida, a la segunda ya fue una tirada más larga y con las olas golpeando de lado pero seguía avanzando bien. Pasando la segunda la linea no era recta por lo que la tirada fue algo confusa hacia la tercera boya. Ya que pasabas la tercera la corriente por la resaca era un poco más fuerte pero estabamos a nada de acabar.

Yo me sentí bien en todo momento. Casi no tragué agua y me iba protegiendo con otros competidores de las olas y en algunos casos haciendo drafting hasta tener energía para pasarlos. Salí del agua en 35:50, al mismo ritmo que en Veracruz pero con 400 metros más y un mar más picado. Iba feliz porque todo iba muy bien.

La BICI (90 kilómetros)

Si había una etapa que me espantaba era la que venía. Mi punto debil era el ciclismo y la ruta era complicada con muchas subidas y bajadas. Sin embargo me sentía bien, entero y al no haber usado las piernas en el nado, las tenía frescas para lo que venía.

Al salir es una subida de como 600 metros bastante empinada pero con buena tracción. No me aceleré y me fui acomodando para lo que venía. Luego venía algo nuevo para mi. En estos eventos no se permite el drafting. Ya había estado rodando solo para prepararme para esto. En las bajadas me aplanaba como podía, en las subidas me paraba en los pedales sin desgastarme más de la cuenta.

Todo iba muy bien. Muy pocos eran los que me pasaban a pesar de tener muy buenas bicicletas y yo pasaba a muchos. Sin embargo, el momento más negro de la competencia llegó pasando los primeros 20 kilómetros, cuando en una bajada escuche que algo tronó. Era mi llanta trasera que se había partido.

Obviamente no tenía refacción para eso. Tuve que esperar media hora para que pasara un mecánico a que me auxiliara. Una vez que vió el problema él se llevó la llanta a cambiarla y de ahí pasaron otros 20 minutos en lo que regresó con la nueva. La inflamos y por fin, después de casi una hora parado en el sol, pude continuar.

Ya me habían pasado todos mis compañeros, entonces con la adrenalina al tope para recuperar algo del tiempo perdido me fui sin piedad el resto del recorrido. Descansando de vez en cuando e hidratándome lo mejor que podía. Mientras que en Tampico batallaba con las subidas, en Los Cabos fueron las partes dónde mejor me fue y pasé a mucha gente.

Todo iba bien, ya había retomado los ánimos después de haberme parado, estaba rodando como nunca en mi vida y lo que me tomó por sorpresa fue la llegada a la segunda transición. Al estar mal marcados los señalamientos de las vueltas para la bicicleta, acabé como 15 kilómetros antes de lo planeado. Sin embargo, al entregar la bici no me quedaba de otra más que seguir con la corrida. Con el tiempo que había perdido parado, hasta las matematicas seguían estando en mi contra.

La CORRIDA (21.1 kilómetros)

Siempre había dicho que mientras me sobraran piernas para la corrida, ahí podía hacer un buen avance en posiciones. Me bajé de la bici algo confundido pero a completar el trámite del 70.3, un medio maratón a medio día con 34 grados centígrados como temperatura.

Aquí vi a mi familia varias veces, las porras que me echaron fueron algo fuera de lo normal. Así que la primer vuelta la hice bien conforme a lo que pensaba hacer. Era una vuelta larga y con casi nada de sombra. Las piernas se seguían moviendo y me propuse acabar la primer vuelta sin parar.

La segunda fue de puro corazón y de mero trámite. Sabía que podía quedar descalificado por lo que pasó en la bici pero no por eso me iba a salir. No había sido intencional. En la segunda vuelta me acompaño mi mamá. Corriendo, caminando y parándome a estirar por calambres se fueron pasando los kilómetros.

Hicimos varios amigos en esa vuelta, pues todos estabamos con dolor en ese último tramo. Ya cuando di la vuelta hacia la calle dónde estaba la meta no me paré por más que el cuerpo lo pidiera. Disfrute cada uno de esos últimos metros como nunca a pesar de todo.

El GRAN FINAL

Me acordé de todos los que me habían ayudado para prepararme para este reto. Me acordé de todo lo que sufrí en entrenamientos para llegar a ese punto. Me acordé de lo bueno y lo malo de ese día para llegar hasta ahí. Me acordé de todos los que con palabras de aliento me habían echado porras en los días previos y estaban pendientes a mi resultado.

De todo eso me acordé en unos metros. Vi a mi papá metros antes de ver la meta, vi a mis hermanas en la última curva del recorrido y haber recorrido con mi mamá los últimos ocho kilómetros de la carrera le daba sentido a todo el esfuerzo y sufrimiento. ¡Me ví subiendo la rampa y cruzando la meta! Levanté los brazos al cielo, celebré como si la hubiera ganado.

Al bajar la rampa no cabía en mi tanta emoción. Lo había dado todo por más de seis horas. Me agaché y sin negarlo lloré. No había sido el debut perfecto en esta distancia pero uno del cual me puedo sentir orgulloso.

Esta Historia Continuará

Tener a familia y amigos presentes ahí significo mucho para mi. Ver las muestras de apoyo por mensajes de texto y redes sociales me sigue emocionando. Saber que logré lo que me propuse hace varios meses me demuestra el tipo de persona que soy a pesar de las adversidades.

Sin lugar a dudas hay espacio para mejorar y le estoy tirando a clasificar al mundial de la especialidad la próxima vez que lo intente. Este tipo de deportes se vive de una manera diferente al maratón y exige de manera diferente, pero sin duda te enseña mucho de ti mismo. Yo estoy feliz con mi debut y no cambio esta sensación por nada en el mundo.

La Energía del Adidas 21K

Para muchos, no había razón para estar despierto tan temprano el domingo 10 de julio en la Ciudad de México, pero para cerca de 8,000 personas la razón se llamaba Adidas 21K. Una carrera que forma parte del serial de Splits organizada por la marca alemana para preparar a los que aspiran a correr el Maratón de la Ciudad de México el 28 de agosto.

Los Splits de Adidas se han vuelto cada vez más populares entre la comunidad de corredores. Es raro encontrar fichas disponibles semanas antes del evento y para este medio maratón no fue la excepción. En lo personal había escuchado cosas muy buenas de estos eventos y ahora tuve la oportunidad de experimentarlo en carne propia.

La hora de salida para esta carrera eran las 6:30 am. Una hora un poco extraña debido a que no se trata de un lugar dónde el calor sea factor a considerar. Lo que se se siente llegando a la salida, esta vez ubicada cerca de la Diana Cazadora, es la energía.

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Así el mar de gente previo al inicio de la carrera.

8,000 corredores que madrugaron con el mismo propósito pero por distintas razones. 8,000 personas que tenían en mente llegar a la meta y vivir para contarlo. Para algunos, su primera vez, para otros como un servidor, ya hemos perdido la cuenta. La distancia de un medio maratón siempre será la misma, la manera en la que lo enfrentas cambia.

En la salida, Adidas reunió a varios atletas de diferentes deportes para motivar a los participantes. Algunos de ellos preparándose para las Olimpiadas de Río 2016 y otros para el Apertura 2016 como el “Chaco” Jiménez de Cruz Azul. Antes de iniciar había de todo. Gente nerviosa, gente pensativa, algunos bromeando y otros tomando muchas fotos.

La puntualidad es importante para el éxito de un evento y Adidas 21K la tuvo. A las 6:30 en punto salió el primer corral. Poco a poco iban liberando más y más corrales. Mi idea era ver las diferentes facetas de los corredores en una prueba tan demandante como el medio maratón. Al mismo tiempo ver como diferentes tipos de corredores encaran la carrera.

Para ello salí atras de los que tenían como meta correr en dos horas. Sin tener que ir a su paso noté que parecen disfrutar más que los punteros y que al mismo tiempo son precavidos en no ir muy rápido (conforme a sus capacidades).

Poco más adelante esta los que piensan romper la barrera de las dos horas. Ahí ya se notan más concentrados pues un error les puede costar el correr en más o menos de 120 minutos. Para ellos es importante no salir muy rápido tomando en cuenta que el recorrido es largo y habrá subidas más adelante. La mayoría sufre con la idea de las subidas que les puede echar a perder la carrera.

Conforme vas avanzando notas que menos gente platica. Quienes ya van tras un tiempo de 1:50 ó menos hablan más con sus gestos que con su boca. Para mi las cosas iban muy bien a la mitad del camino y eso me motivaba a seguir fuerte. Pase la mitad en 51 minutos pero sabiendo que podía hacer una segunda mitad más rápida.

Poco a poco fui adelantándome y encontrando más espacios. Es tal vez el aspecto más notorio cuando vas con un grupo que esta atacando el 1:45 ó menos. Ya es raro ver tumultos de gente. Vas viendo grupos que se van rompiendo conforme pasan los kilómetros. Aquí la fuerza que hay que tener para subidas y bajadas sin perder el ritmo es ya más importante.

No se diga que los que buscan tiempos por debajo del 1:40. Los que entran en este grupo saben que mucho de su éxito recae en la técnica. Para ellos el correr bien no solo depende de los tenis que tengan puestos, sino de pisada, brazada, correr en línea recta y factores pequeños que de una u otra manera afectan el resultado.

El último kilómetro, para todos significa que “ya llegaste”. Aquí empieza el tan anhelado cierre. Ya escuchas el sonido local de la meta a lo lejos y solo piensas en llegar. Poco a poco agarras fuerzas de dónde sea para cumplir con tu meta o ya de perdido con la distancia. Llegar al final puede representar lo mismo para el primero en cruzar la meta como para el último en hacerlo.

En lo personal fue un experimento muy padre. No tenía la presión de hacer un tiempo especifico. Quería disfrutar del recorrido y el ambiente que se vive. Bien dicen que el cuerpo en movimiento es una fuente de energía, ya se imaginaran la energía que se crea cuando 8,000 personas van corriendo por las calles y miles alentando desde las banquetas.

Mi plan al principio era empezar despacio y ver que tanto podía acelerar al final para ver las diferentes facetas. Así fue, empecé despacio y los tres kilómetros, cuando ya había calentado por lo que pude apretar el ritmo. Empecé corriendo a 5:00 min/km y acabé en 4:10. Es algo que venía practicando pero nunca sabes si te va a salir el día de la carrera.

Hubo partes bastante angostas para una gran cantidad de gente y era difícil pasar por algunos embotellamientos. Algunos de los señalamientos de los kilómetros no estaban bien puestos y causaba algo de confusión. La ruta estaba bien marcada y en buenas condiciones gran parte de ella. Las vueltas estaban bien marcadas y la hidratación estaba bien distribuida.

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Feliz de llegar a la meta en menos de 1:40 (1:38:50)

En general si es un evento que les recomiendo a muchos. Esta bien organizado, el kit esta bueno, la ruta tiene de todo (plano, subidas, bajadas) y yo acabe con un tiempo de 1:38:50 lo cual fue bastante bueno considerando que con el 1:50 me hubiera dado por bien servido y que la segunda mitad fue casi cuatro minutos más rápida que la primera.

El Adidas 21K es una buena prueba previa a un maratón. Si están en busca de un buen medio maratón, este es una buena opción. La energía que se siente en este tipo de eventos te motiva a darlo mejor de tí sin importar las dificultades que pueda haber en el camino.

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De Tampico para Adidas 21K

Rompiendo la Monotonía del Maratonista

Muchas veces en la vida es bueno ponerse nuevas metas, nuevos retos. Después de pasar años enfocado solamente en correr maratones, era momento de cambiar un poco las cosas. La meta de calificar al maratón de Boston sigue en pie, pero la manera en la que pienso prepararme ha cambiado un poco.

Este sábado, después de casi un mes de entrenamiento serio, hice mi primer triatlón sprint. En este tipo de eventos se nadan 750 metros, se anda en bici por 20 kilómetros y el gran cierre es de cinco kilómetros corriendo.

Hacer un triatlón es algo que había querido hacer desde hace tiempo. Siempre he dicho que me gustaría hacer un Ironman, pero eso será después de calificar a Boston, por ahora la tirada es a un Ironman 70.3 en Octubre si Dios quiere.

Para llegar lejos hay que tomar pasos pequeños. Primero estaba el regresar a nadar. Durante ya poco más de un mes he estado nadando en la playa cada sábado. Con pocas oportunidades de trabajar la técnica y la velocidad, los sábados son prácticamente los únicos días que tengo para preparar esta etapa del triatlón.

También esta el regresar a la bici. Bien dicen que lo que bien se aprende núnca se olvida. Para andar en bici no tengo problema, aquí el reto ha sido subir la velocidad y la resistencia encima de ella. Esta es la parte del triatlón en la que debo de trabajar más.

Finalmente la corrida. Mi fuerte y en la que puedo sacar ventaja si salgo bien de la bici. Por ahora las distancias son “cortas”, pero la tirada del Medio-Ironman incluye un medio maratón ya después de casi dos kilómetros de nado y 90 en la bicicleta.

Tomando todo esto en cuenta, he trabajado más en la bici que en cualquier otra disciplina del triatlón. En la natación solo hago los ajustes posibles y necesarios cada sábado mientras que en la corrida trato de adaptarme a que correr a ritmos fuertes no sea tan pesado.

El mar estuvo muy tranquilo, tal vez lo más tranquilo que ha estado en mucho tiempo. Cerca de las 7:30 empecé a nadar. Al mismo tiempo trataba de no ir muy acelerado pues iba a ser una prueba larga. La idea era no usar mucho las piernas y hacer que los brazos hicieran casi todo el trabajo. Mantuve un ritmo bastante parejo durante esta parte. Salí del agua en 14 minutos, 90 segundos más rápido que mi mejor tiempo en el mar.

La transición fue casi perfecta. Un pequeño problema mecánico retraso unos segundos mi salida pero fuera de eso todo estuvo bastante bien.

Aquí venía lo bueno. 20 kilómetros en el Boulevard Costero, los cuales dividí en cuatro sectores para sentir que avanzaba. Cada sector era de cinco kilómetros y cada vuelta de diez. La primera vuelta la saqué en 20 minutos y mi plan desde un principio fue terminar la bici en 40. Iba con el tiempo justo y esperaba que las piernas respondieran para la segunda parte. Así fue y logre acabar la ruta en bici en 39 minutos y 40 segundos.

Se que para sacar provecho de la corrida hay que hacer una buena transición de la bici a la carrara. Hoy no fue tan buena como me hubiera gustado pero estuvo aceptable. En menos de un minuto me baje de la bici y empecé los cinco kilómetros de carrera.

Al principio sentí las piernas un poco pesadas y con el sol de frente fue difícil agarrar ritmo. Pero después de 1200 metros fui agarrando mas velocidad y sintiéndome más cómodo hasta completar los cinco kilómetros en 23 minutos. Mi meta había sido 22:30 pero con 23 me conformo por ahora.

Un tiempo total de 1:20:50 fue lo que marqué. Comparando ese tiempo con los del Triatlón de Veracruz del 2015 en mi categoria, entraría dentro de los mejores 20. Aún hay mucho trabajo por hacer para estar listo para un Medio Ironman pero el primer paso esta dado.

Ahora con lo aprendido en este sprint viene la preparación para la distancia olímpica. A final de cuentas se que todo esto servirá para soñar en hacer un buen Medio Ironman y después preparar otro maratón y esta vez si calificar a Boston. La fuerza y condición que me dará este entrenamiento seguramente servirá.

 

ADIDAS Split 30K Para Atletas Todo-Terreno

3,000 corredores formaron parte del primer Adidas Split 30K en el Valle del Conejo en el Estado de México el sábado 8 de agosto. Una carrera organizada por la marca deportiva para preparara a los atletas para el Maratón de la Ciudad de México el 30 de agosto.

La hora de salida fue retrasada 30 minutos debido a falta de visibilidad en el recorrido, algo que ayudó a varios de los competidores que no puedieron llegar a tiempo debido al tráfico que se creó en el acceso al lugar del evento. En punto de las 7:30 am, salió el primer bloque de competidores a recorrer los 30 kilómetros de una ruta de campo traviesa tan escenica como complicada. En los primeros cinco kilómetros, la altimeria del recorrido alcanzó los 3,000 metros sobre el nivel del mar.

VIDEO: Reporte del Adidas Split 30K

“La verdad es que si esta muy pesado pero yo lo disfrute muchisimo, sobre todo por el paisaje,” dijo Luis Alberto Bautista quien recalcó que nunca había vivido una experiencia similar.

Hubo varias subidas y bajadas a lo largo de la ruta que hicieron efecto en los competidores. El terreno sinuoso hizo muy complicado el poder cumplir el objetivo pactado antes de empezar la carrera. Quienes lograron cumplir con el objetivo se sintieron felices y preparados para dar el siguiente paso.

“Siento que es una prueba para ver que tal te va a ir en el maratón y siento que me fue bien,” comentó Francisco Guadalupe, quien en 21 días estará corriendo los 42.2 kilómetros del maratón.

Para Marisol Guazo, subcampeona de la categoria Master, el haber corrido lejos del asfalto no era algo muy nuevo. Ella dice hacer sus distancias en un lugar cercano a donde se llevó a cabo el evento de Adidas.

“Normalmente mis distancias las hago en La Pila pero pues en lo planito, no con tantas subidas,” expresó Guazo al terminar su carrera que también usa como preparación para el Maratón de la Ciudad de México.

El primero en cruzar la meta fue Jhovany Hernández Juarez que terminó el recorrido en 2:07:03. Al atlteta poblano la altura también le afectó, pero cumpló con su meta de ganar la carrera siendo fiel a su estrategia.

“Esperarme hasta la mitad de la competencia, los primeros 15 kilómetros y de ahí empezar a apretar un poco el paso para irme abriendo del que venia junto conmigo,” dijo Hernández

VIDEO: El Color del Adidas Split 30K

Al final el ganador de la carrera promedió un ritmo de 4:13 por kilómetro. Tras ir mano a mano con el segundo lugar general, Hernández le logró sacar casi cuatro minutos de ventaja a Israel de la Cruz Sánchez (2:10:48). En las mujeres, el lugar de honor se lo llevó Leticia Gonzalez Resendiz con un tiempo de 2:46:46.

Con este evento, se dió por concluida la serie de carrares Split 2015. Todo comenzó en marzo con el Adidas Split 6K, continuaron con el 9K, 12K, 16K, 21K y por primera vez un 30K campo-traviesa. Para este últmo evento, las inscripciones se agotaron en cuestión de 20 minutos. Para los demás splits, las inscripciones también volaron. Guazo disfrutó del evento, pero dió consejos para los organizadores buscando mejoras para futuras ediciones.

“Creo que deberían poner un poco más de filtros. Hubo mucha gente que se dió la vuelta en el kilómetro ocho, siete. Uno que viene con un ritmo y que te van diciendo que vienes en primer lugar y de repente ves a chavas que no habías visto, como que si siento que deberían de ser un poco más estrictos en que la gente que se inscriba realmente lo corra,” comentó Guazo quien este año corrió el Maratón de Boston, donde los controles son muy estrictos.

“Los eventos son buenos, lo malo es la premiación,”dijo Hernández. “Uno se dedica a esto y es dificil no, para uno venir desde otro estado. Vine a hacer un gasto porque pensé que iban a dar la misma premiación que el medio maratón.”

A final de cuentas, ya solo quedan tres semanas para la edición XXXIII del Maratón de la Ciudad de México. Muchos se fueron contentos sabiendo que ya estan listos para el reto más grande, para el que se empezaron a preprara desde febrero y tal vez antes.

“Como muchas amistades me dijeron, si terminas estos 30 kilómetros bien, estas lista para el maratón y yo me siento lista,” dijo Marisol Vera Perez, ganadora de la categria master y tercer lugar general en la rama femenil.

Resultados Completos AQUÍ

Video (El Color del Adidas Split 30K – Próximamente)

¡Boston, esto no acaba aquí!

Una vez más lo intenté y una vez más no salieron las cosas como yo esperaba. El primero de marzo fue el día que me había pactado como límite para lograr algo que muy pocos han logrado, correr un maratón en menos de 185 minutos. El Maratón Interancional LALA era el escenario y Boston era la meta.

La preparación fue fuerte, más la logré disfrutar bastante. Prácticamente todo me salía bien y eso ayudó a que la confianza en un buen resultado fuera en aumento. Yo sabía que debía hacer una carrera perfecta y que no hay margen de error cuando te trazas objetivos tan altos. Siendo mi propio entrenador he aprendido a dar lo mejor de mi de manera calculada. Se lo que necesito para ir cumpliendo objetivos a corto plazo. Dos semanas antes de la carrera el panorama cambio pero la fecha de la carrera siguió siendo la misma.

La verdad que lo más fácil sería olvidar lo que pasó el tan ansiado día. Pero para lo que trabaje tan duro por tantos días no se borrará de mi mente de la noche a la mañana.  Si se los comparto tal vez entiendan un poco de lo que siento tras lo ocurrido.

Los días previos mis piernas se empezaron a sentir muy pesadas. Como si estuviera cargando plomo. Nunca entendí a que se debió pero pues busque las formas de deshacerme de eso. Por más que intenté no pude y me presenté a la salida del maratón con con ladrillos que se hacián pasar por piernas bajo mi cintura. No había vuelta atras, regresar a dormir no era opción, iba a pasar lo que tenía que pasar.

Los primeros diez kilómetros ni el mismo Alejandro González Inarritu los hubiera visualizado tan bien. No me sentía cansado y me alimentaba de la energía de quienes apoyaban a los corredores. Encontré a alguien que llevaba el paso que quería y no lo dejé ir, de repente él se tronó y aún peor, no faltaba mucho para yo sentirme igual.

Esos dos ladrillos (piernas) comenzaron a hacer efecto mucho antes de que el sol fuera factor. Ya para el kilómetro 15 renuncié a Boston y a un récord personal. De haber corrido los primeros kilómetros en 4:20-4:30, sin entender el porque, mis parciales ya estaban pasando los cinco minutos por kilómetro. Si llegó a pasar por mi mente el desertar, era más comodo eso para el cuerpo que seguir sufriendo casi 30 kilómetros más.

Eso si, nunca había visto a gente caminando tan pronto. Desde el kilómetro 10 ya empezabas a ver a gente en situaciones similares a las mias, que solo irián empeorando conforme el sol pegara más fuerte y los nutrientes en el cuerpo se fueran consumiendo. Yo traté en salvar mi carrera, mi objetivo era ahora pasar la meta en menos de 4 horas. Tenía que haber una forma. Agarre ritmo y parecía que nada me detendría pasando el kilómetro 30, pero las sorpresas continuaban.

Calambres, los malditos calambres, esos que llegan cuando menos los quieres. Esta vez no eran tan fuertes pero lo suficiente para sacarme de ritmo. Trataba de recuperar el azucar en la sangre y aprovechar los masajes que daban los cuerpos de auxilio en el recorrido. Cerca del kilómetro 32 escuche a una señora decir:

“Gracias por ser un ejemplo para nosotros, gracias por demostrarnos que todo es posible,” y es que si, los maratonistas somos eso, personas que solo nos tenemos a nosotros mismos como limite.

Desde eso momento supe que no iba a abandonar esta carrera. Boston no era opción, una marca personal tampoco y tampoco hacerlo en menos de 4 horas. Pero iba a terminar. Así que pasando el kilómetro 38 no mire atras y con lo que me dio el cuerpo no paré. Senti como 10-15 calambres en ese periódo pero pararse ya no era opción. Ya sentía cerca el final.

Darle la vuelta al Bosque fue toda una odisea, las vueltas no se veian muy cerca y aún peor, la recta final se veía eterna. Pero ya estaba ahí, que tanto es tantito, resulta que bastante. Después de un tiempo del que ni me quiero acordar quedan algunas cosas buenas.

Oscar Javier Casanova Perches terminó su septimo maratón y apenas tiene 26 años. Lo hizo tras haber sufrido por más de la mitad del camino, que es de las pesadillas de un maratonista antes de empezar. Venció al cansancio, al dolor, a la idea del abandono y se queda con su orgullo.

Si se llega a sentir como fracaso el haber trabajado tan duro y no conseguir el objetivo deseado. Pero queda en mi la satisfacción de haberlo intentado, de haber entrenado como debía a pesar de mis otros trabajos, de haber dado lo que ayer fue lo mejor que pude. Que nadie me contara lo que se siente acabar ese maratón. Por ahora voy a dejar a esta distancia en paz, pero cuando vuelva seguro que voy a conseguir el objetivo que hace seis años me tracé. ¡Boston, esto no acaba aquí¡

¿Por qué no?

Una pregunta sencilla que aplica al 98% de todo lo que hago. El saber que puedes haberte perdido de una gran oportunidad por no intentarlo es algo que me motiva a hacer lo que en varias ocasiones me sale bien pero en otras llego a fracasar.

Me he dado cuenta que fracasar en su nivel más bajo es dejar de intentar. Es dejarse vencer por el miedo a que no tenemos la capacidad de afrontar lo que algún día no resulto salir a nuestro favor. Hoy, a menos de 48 horas de volver a correr un maratón le sigo teniendo miedo al fracaso, pero me aferro al orgullo y las ganas de por fin conseguir el resultado que busco.

Hace menos de 100 días me encontraba en una situación parecida. Hace menos de tres meses estaba por alinearme en la salida del Maratón Internacional de California. Tenía el miedo de lastimarme tan feo que al día siguiente mi carrera como corredor se acabara. Había estado tratando una lesión fuerte por casi dos meses sin la garantía de que estaba listo para correr un maratón en la fecha de la carrera.

Desde antes de arrancar sentía que ya había fracasado. Tuve un inicio de carrera bueno pero un final para el olvido donde teminé con mi peor marca en un maratón. 3:50 no era el plan que yo tenía cuando me había inscrito para el maratón. El domingo será otro maratón, otra historia por escribirse.

Los que me conocen bien saben que como corredor no hay algo que yo quiera más que el calificar al Maratón de Boston. Para la madre de todas las distancias, Boston es la meca de esta especialidad. Tal como un actor quiere llegar a Hollywood, Boston es mi Hollywood. Con estar ahí sentiré que ya la hice.

Prepararme para este maratón no ha sido nada sencillo. Con trabajo, con desveladas y desmañanadas no ha sido sencillo encontrar la fuerza para llegar aquí. Pero de los varios entrenamientos que realicé, más de la mitad me dejaron con buen sabor de boca. De ahí encuentro la motivación para poder alinearme una vez más en la salida de un maratón.

Han pasado menos de 100 días desde mi último maratón.
Han pasado menos de 100 días desde mi último maratón.

3:04:00 es la meta. Es el tiempo con el que he soñado desde hace más de tres meses. El tiempo que no deja mi cabeza. Para llegar a ello es necesario un paso casi suicida. 4 minutos y 25 segundos por kilómetro, algo que ni el 3% de los maratonistas en el mundo puede lograr. Ser de ese selecto grupo de maratonistas requiere muchas cosas que el corredor tradicional no necesita.

Cuidar cada aspecto, desde los tenis, hasta la punta del pelo.Técnica (braceo, zancada, respiración, etc…) ropa e hidratación. Diseñar un plan de carrera con muy poco márgen de error pero más que nada, al igual que todos, soñar en que si se puede.

A menos de 48 horas estoy con los mismos nervios de la primera vez. Si siento que me preparé bien pero el domingo sabré que tan bien o que me faltó. El miedo al fracaso no se va, el no lograr lo que hace meses fue la meta existe. Tenerlo que volver a hacer más adelante perdiendo un año de eligibilidad espanta, pero son cosas de este deporte, de este reto.

Seis maratones después de mi debut en la distancia solo existe algo que nunca cambia, terminar. Nunca he abandonado un maratón y este no será la excepción. Lo que si quiero que sea distinto es el resultado, y que cuando acabe ya este clasificado a Boston. ¿Es mucho pedir? Espero en Dios que no sea así.