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Marca Maratónica

Paso de todo en el último fin de semana en cuanto a deportes se refiere. Cambios en la dirigencia de la selección de basquetbol de México, Miguel Layún anotó cuatro goles en el partido del América contra Santos, México gana el Mexican Challenge de Tiro con Arco y como olvidar el final de la carrera del capitán Derek Jeter. Pero en lo personal es el nuevo récord mundial en el maratón el mejor de todos.

El maratón de Berlín es uno de los seis grandes del atletismo mundial. A la par de Boston, Chicago, Nueva York, Londres y Tokio hay algo que sólo ofrece la capital alemana. A finales de septiembre se ha vuelto una costumbre que los mejores maratonistas del mundo se reúnan en Berlín y este año no fue la excepción. Desde el 27 de septiembre del 2008 cuando el etíope Haile Gebrselassie detuvo el cronómetro en 2:03:59, 27 segundos mejor que su marca del año anterior desapareció el mito de que el ser humano no podría bajar de 2:04:00 en la carrera de 42.195 kilómetros. Ese mismo año (2011) en Boston ya se había corrido un maratón más rápido pero el 2:03:02 del ya fallecido Geoffrey Mutai no contó por la altimetría del recorrido y ser un trazado de punto a punto. Pasaron tres años para que en el mismo Berlín con tiempo de 2:03:38 Patrick Makau de Kenya tuviera el honor de ser un plusmarquista. A Wilson Kipsang con 2:03:23 si le valió su tiempo en Berlín para arrebatarle la marca a su compatriota Makau. Ya este pasado domingo fue Dennis Kimetto quien escribió su nombre con letras doradas en la historia del maratón al vencer a todos los que en la historia de la distancia han completado un maratón para terminar con 2:02:57.

Kimetto a sus 30 años admira mucho a Gebrasaille y entrena con Mutai así que no es un desconocido a poner su nombre junto a los grandes. Su debut en el medio maratón se dió en Nairobi y lo ganó con tiempo de 1:01:30. Poco después en las calles de la ciudad que le sienta mejor (Berlín) terminó la distancia en 59:14. Seguido por un segundo lugar en el maratón de la misma localidad en el 2012. Su victoria de consolidación en la élite del atletismo se dió en el maratón de Chicago con un tiempo de 2:03:45, poco después de haber ganado el maratón de Tokio.

Su primera lesión en cuatro años como atleta profesional lo alejó de competir en el maratón de Boston. Sin embargo no tardó en sanar la herida (en el chamorro) y pudo prepararse para su cita con la historia en las calles de donde el mundo del atletismo lo puede considerar el hijo predilecto. Regresó a Berlín y en su mente no solo estaba ganar la prueba, sino imponer un nuevo récord mundial. Con 15 grados centígrados el día de la carrera y poco viento las condiciones eran idóneas para lograr la hazaña. Desde el pistolazo de salida comenzó la magia.

Sus primeros 10 kilómetros pasaron en 29:24 y las cosas apenas se iban calentando. Llegó con un contingente grande a la marca del medio maratón 1:01:45 y era considerado como lento. A los 25 kilómetros se quedaron atrás atletas de talla como Geoffrey Kamworor y Tsegaye Kebede y cinco kilómetros después se desprendieron de los conejos para que dos kenianos y un etiope se pelearan el título del evento. Cuando parecía que iban a aflojar el paso ocurrió todo lo contrario y empezaron a promediar 2:47 por kilómetro. A cuatro kilómetros del final Kimetto apretó el paso para ya no voltear y quitarse la espina del segundo lugar años atrás. Llegando a la Puerta de Brandenburgo sólo quedaban 400 metros (los cuales promedió a 69.93) y sólo quedaba la expectativa de conocer por cuanto se iba a llevar el récord mundial.

kimetto record1

Acabó la prueba y Kimetto terminó con otro mito más al ser el primer ser humano en romper las dos horas y tres minutos. Su tiempo de 2:02:57 comprobó que muy probablemente en un futuro no muy lejano podamos ver a alguien y tal vez al mismo Kimetto romper la marca de las dos horas. Lo complicado del caso es bajar el ritmo promedio que de por si ya es vertiginoso. El keniano sabe poco inglés para conceder entrevistas, pero con que sus piernas hablen al hombre le alcanza.

Tan solo saldrá de Berlín con $64,000 (dls) por ganar el maratón, $38,068 por bajar de 2:04:00 y para rematar sumenle $63,447.00 por tener la mejor marca del mundo mundial.

Video del cierre de Kimetto

Desde Otra Perspectiva

De una preparación de cinco meses a una de poco menos de una semana. Así de grandes son las diferencias que viví con el Maratón de la Ciudad de México. He corrido cinco y he cubierto dos. Ambos tienen sus grandes retos, he aquí las similitudes y las diferencias.

Empezando por la alimentación. Yo nunca he sido alguien de dietas pues con todo lo que corro siento que lo como se quema en poco tiempo. Así que durante la semana no hubo cambios en ese aspecto. Desde el ángulo que viví este maratón si disfruté más esta diferencia pues de no haber sido así adiós refrescos, tacos, mariscos entre otros antojos. El viernes por la noche, cuando acostumbro comer pasta antes de un maratón estaba muy agusto cenando tacos con todo y agua de horchata.

Aunque no lo crean también se requiere de buena preparación física para cubrir un evento que se expande por 42.195 kilómetros en una ciudad más de 2,000 metros sobre el nivel del mar. Mis entrenamientos obviamente no estaban enfocados para cubrir la distancia pero sí para poder acelerar de un punto a otro. Sabía que mínimo iba a correr/caminar unos 10-15 kilómetros entonces había que estar preparados.

Los días previos a correr un maratón varias estrategias en caso de que una no funcione. Planeo cuáles quiero que sean mis parciales y sólo me imagino el recorrido. No me gusta manejar por donde voy a correr, lo que veo en un mapa es lo único que necesito cuando voy a correr. Esta vez sin problemas caminé el jueves y viernes por varios puntos donde iba a pasar la carrera del domingo. Para ver de donde saldrían las mejores tomas.

Cuando voy a correr un maratón me gusta ya tener un plan fijo desde mínimo tres días antes. Un plan que no debe cambiar bajo ninguna circunstancia sabiendo que puede haber cambios sobre la marcha. Esta vez mi plan estaba listo a menos de 12 horas del arranque.

Obviamente que la diferencia más grande es que no iba a correr la distancia completa esta vez. Pero el haberlo hecho antes me ayuda a saber como se va sintiendo la gente en cada punto. Se que los niveles de energía están en su máximo apogeo durante la salida, al igual que los nervios. En los primeros diez a 15 kilómetros la gente aún va sonriendo. Es entre el kilómetro 20 y 30 que empieza a haber dudas si se podrá completar la prueba. Del 30 al 37 no quieres saber nada más que llegar a los últimos cinco kilómetros. Ya cuando conquistas la última subida de un recorrido y sabes que la meta está ahí las caras de los participantes lo dicen todo y que decir de la meta. No hay lugar más alegre que ese.

Así que mi plan estaba diseñado en cubrir algunos de estos puntos sin tener que recorrerlos todos. Esta vez tenía que pensar bien en que partes iba a correr y en que partes iba a hacer uso del transporte público para poder llegar a todos los lugares establecidos en mi plan de vuelo.

Los nervios no estaban esta vez centrados en mi cuerpo, pero en el equipo tecnológico con el que contaba. Ver cómo el pronóstico de lluvia no se quitaba si me puso algo nervioso pues no había caído una sola gota durante la semana. No había plan “B” esta vez, sólo buscaba la mejor manera de cuidar lo que tenía a mi disposición. Eso si, en diciembre pasado estaba listo para cubrir un maratón que fue suspendido por nieve y terminé grabando uno improvisado. Así que por frío sabía que no me iba a morir.

El día de la carrera me levanté a la misma hora si no es que más temprano de lo que lo haría si estuviera por correrla. Me puse tenis y ropa que me cubriera del frío tal y como si fuera a participar. La gran diferencia estuvo en no ponerse el número de competidor. Al llegar a la salida no necesite la media hora para calentar, sólo para ver por donde iba a estar. Y cuando más contento estaba porque parecía que la lluvia había desaparecido dieron las 7:15 (hora del arranque) y sin posibilidad de cubrir la cámara cayó un aguacero que casi estaba a seguro iba a descomponer la cámara.

Afortunadamente no fue así. Así que poco a poco me fui siguiendo mi plan. De las casi 15 personas que iba siguiendo, sólo tres no tenían la playera del maratón puesta. Así que encontrarlos entre una muchedumbre verde fue otro reto. Pero poco a poco la lluvia desapareció e hizo el trabajo un poco más fácil. Tras un largo recorrido en metro llegué a Ciudad Universitaria para ver la llegada. Mi pronostico no me falló. Estaba viendo lo que había pensado que vería en cuanto a las caras de los competidores.

Yo que estoy acostumbrado a correr junto con personas que no piensan más que en acelerar para buscar un boleto Boston muchas veces me pierdo del tipo de cosas que vi el domingo. Personas en sillas de ruedas, en muletas, con sobrepeso y hasta ciegos que sienten más que uno lo que estan por lograr. Eso si, cuando pones una cámara de frente a los corredores que estan por llegar a la meta, de cada diez, al menos ocho te van a saludar para que los hagas famosos.

Esta vez no me dieron calambres, pero al terminar de grabar el hambre era casi la misma que cuando he corrido un maratón. Llegué a mi departamento tan cansado como si lo hubiera hecho completa y con la espalda casi rota pues había cargado con mucho por las últimas 10 horas. En diciembre, si quiero llegar a Boston no me queda de otra más que correrlo. Regresar a mis protocolos de siempre y volver a ver todo de la manera que lo he hecho por cinco veces.

El domingo 31 de agosto fue uno de esos día en los que sentí como si hubiera corrido un maratón pero no es cierto.

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Lo equivalente a mi número de       competidor.