Una Meta Más a la Madrileña

Correr es un idioma universal y para prueba lo que fue la edición 41 de la Maratón de Madrid. El Rock n’Roll Madrid congregó a 37,000 personas de 124 países para recorrer los puntos más emblemáticos de la capital española este domingo.

Es la carrera atlética más grande de España y una de las más importantes en Europa que cuenta con el “Sello Dorado” de la Federación Internacional de Asociaciones de Atletismo (IAAF). Para este 2018 se estrenaban recorridos de 10, 21 y 42 kilómetros que en teoría no eran tan complicados como los de años anteriores.

El Maratón de Madrid genera una derrama económica mayor a los 28 millones de euros según el Instituto de Estudios Turísticos de Madrid.

En mi caso, decidí prepararme para la media maratón debido a que el trabajo y la escuela me impedían realizar la preparación adecuada para la maratón. Así que desde que llegué a Madrid en octubre, me tracé el objetivo de competir en el evento. Conforme pasaron los meses la preparación fue tomando forma y el día de la carrera estaba listo.

El 22 de abril de 2018 llegó y tras cientos de kilómetros de entrenamiento, sólo quedaban 21.097 kilómetros para conquistar un reto más y cumplir el sueño de competir en un medio maratón europeo. El de Madrid no es poca cosa, ya que en España el “running” es un fenómeno tanto de cantidad como de calidad. De que hay nivel, hay nivel.

Fue en punto de las 9:05 am que se dió el disparo de salida y arranqué con mucha ilusión de hacer una buena carrera . Como pocos días en Madrid, la ciudad parecía estar libre de coches y llena de corredores. El Paseo de la Castellana estaba plagado de sueños, ilusiones y metas de todos los participantes.

Los servicios médicos (SAMUR) atendieron a 216 corredores. Tres en estado grave por golpes de calor. Los demás por por lipotimias, deshidrataciones o caídas.

El apoyo de gente en las calles se podía sentir. Te gritaban por tu nombre (impreso en el número), te daban ánimos aunque fueras un desconocido. Mexicanos habíamos pocos, pero eso lo hacía especial. Ser minoría y a miles de kilómetros de casa, te hacía darlo todo por quienes esperaban noticias de ti del otro lado del océano.

Mi carrera comenzó como me la había propuesto. Al ritmo que me había planteado y sintiéndome bien para lo que venía. Sin embargo, a falta de seis kilómetros mis piernas no daban mucho más. Las subidas de los primeros kilómetros estaban cobrando factura. Llegué a pensar en caminar, pero no había entrenado varios meses para hacer eso.

A pesar de que por mi cabeza había pensamientos de negatividad, el ambiente por la calles de Madrid me animaba a continuar. Uno a uno pasaban los kilómetros y sabía que debía aguantar un poco más para que todo acabara. Saber que las calles de Madrid eran mías y de 37,000 corredores me ayudó mucho a no claudicar.

La ruta nos llevaba por lugares emblemáticos como el Santiago Bernabéu, Las Cuatro Torres, Las Ventas, La Puerta de Alcalá y la Central de Atocha. Al llegar al Paseo del Prado un amigo me dió su bandera mexicana y con esa crucé la meta que tanto había soñado.

“Cuándo lo das todo, no te puedes arrepentir de nada.” – Oscar Casanova Perches

Así concluyó mi experiencia en uno de las carreras más importantes del mundo. El tiempo pasó a segundo plano. La satisfacción de haberlo dado todo ese día nadie me la puede quitar. Los kenianos dominaron, pero la lucha no era contra ellos, sino contra mi mismo.

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