Homenaje a mi Abuelo

Hoy no hablemos de deportes. Quiero compartir con ustedes uno de los golpes más fuertes que me ha dado la vida. Un golpe que por más que se veía venir si dolió y mucho. Puede que compartir este momento suene y parezca insensato, pero no lo hago por llamar la atención. Lo hago como manera de expresar el cariño, respeto y admiración a quien fue y seguirá siendo mi abuelo Salvador.

Ha sido impresionante ver el cariño que mucha gente nos ha expresado a lo largo de la semana. No hay manera de agradecerles lo suficiente a quienes ya lo han hecho, ni manera de remplazar a un gran ser humano.

Cuando me dijo mi mamá que se acercaba el momento de decir adios, no sabía que hacer. Si hace un mes me hubieran dicho que esto iba a pasar, no se lo creo a nadie. Con tanto viaje en mi trabajo lo que menos quería era recibir una llamada con la peor noticia y tener que hacer un viaje express. Si iba a pasar lo que pasó, quería pasar los días cerca de él.

Dios y la vida me dieron la oportunidad de decirle adios tres veces. Desde el sábado yo sabía que el tiempo de compensación no sería mucho. Verlo luchar con cada músculo fue increible. Me hizo reir hasta el último día que pudo hablar. Me hizo reir en sus últimas horas. Me hizo llorar cos sus gestos de humildad y fuerza hasta el final. Si mi abuelo se tenía que ir de alguna manera, hasta para eso fue bueno. Se fue por la puerta grande a verse con sus papas, hermanos y amigos. La luz a la que se rehusó a llegar, le ha de haber dado la bienvenida con Los Panchos tocando en el fondo.

Hay momentos en los que prefiero creer que se fue a visitar a un amigo fuera de la ciudad. Que tendré otra oportunidad de abrazarlo y pedirle sus consejos, sus conocimientos, su punto de vista. No verlo ir de un lado a otro en su camioneta, sentarse en la sala a ver la tele, los toros, no oirlo pedirle a la muchacha de la casa que te sirva una coca. Esos son momentos que llegué a pensar que durarían para siempre. En mi mente así serán y se que a mi abuelo lo llevo cerca todo el tiempo.

Cuando se acercaba el momento del adios me preguntaba a mi mismo ¿que hacer? Nunca había estado tan cerca de la muerte como lo estuve junto a él. Después de pensarlo una y otra vez esperé a que estuviera descansando en paz para escribir sin duda una carta que nunca hubiera querido escribir. Hacer un video que nunca hubiera querido armar. La carta la escribí cuatro horas después de su partida. Es algo que me ha ayudado mucho. Prácticamente a la primera salieron 800 palabras del corazón y estuve dispuesto a leerlas en público durante su último adios. Mi abuelo me la puso fácil y hoy comparto esa carta con ustedes.

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