10 Kilómetros Color Esperanza

Quienes me conocen saben que he estado ligado al deporte del atletismo prácticamente desde nacimiento. La verdad es que correr me ha dado muchas cosas que otros deportes no me dan. Gracias al atletismo tuve la llave para estudiar mi licenciatura en Estados Unidos.

Durante mi carrera como atleta estuve acostumbrado a tener carreras una vez al mes y cuando llegué a la universidad era una por semana con el nivel de exigencia en aumento conforme pasaban los años ya sea fuera de mi ciudad natal o inclusive hasta fuera del país.

Hubo un tiempo donde llegué a pensar que podía dedicarme a esto de por vida, pero que en México no se iba a poder debido al pobre apoyo que existe para este deporte en mi país. Universidades como la Anahuac y el Tecnológico de Monterrey únicamente becan a quienes tienen conexión con la selección nacional.

Aprovechando la inercia del alto nivel de competencia al que me enfrenté en mis primeros años de la universidad estuve muy cerca de clasificar a Boston pero se me llegó a negar dos veces por menos de cinco minutos. Una vez, por tan poco como 90 segundos. Justo cuando mejor me sentía corriendo, hubo varios cambios en mi vida que afectaron mi condición, mi rutina y en mis prioridades como atleta.

Después de graduarme tuve que desertar del Maratón de Chicago por falta de preparación y por el trabajo. Pase casi un año corriendo una o dos veces por semana. A pesar de que me iba bien en el trabajo sentía que me faltaba algo pero por mis horarios era difícil coordinarme y tener la energía suficiente para hacer un buen entrenamiento.

Tuve que dejar de vivir en Estados Unidos y dejar de trabajar de tiempo completo para que realmente pudiera volver a correr. Con las constantes decepciones de no poder encontrar trabajo el atletismo es lo que me reanima. Me ha costado trabajo retomar el ritmo y la condición de antes. Justo cuando parecía que estaba a nada de lograrlo mi ambición por acelerar el proceso me dejó fuera de actividad por dos semanas.

Fue y es un golpe duro porque no sólo afectó mi ritmo sino que un programa de entrenamiento para un maratón donde aún no tengo muy claro si debo participar. Todo iba muy bien, pero esa lesión en el chamorro y la ingle me dolió más allá de lo físico pues me había quitado temporalmente lo único que me estaba dando alegrías en ese momento.

Dos semanas de rehabilitación y pude reiniciar el proceso de entrenar para el maratón aunque obviamente no del punto donde había dejado sino más atrás. Una semana más tarde viajé a Estados Unidos y aunque tuve poco tiempo para entrenar la primera semana, fue en la segunda donde regresaron las buenas noticias.

Corrí todos los días y me enfoque en retomar la velocidad. Jugando con fuego pues aún esta latente la posibilidad de resentirme de la vieja lesión. Mi meta era aguantar el ritmo de martes a domingo. Trabajar en velocidad de diferentes formas para estar listo en caso de que llegara a correr el domingo una carrera de diez kilómetros.

El sábado en la tarde salí volando (literalmente) de Dallas sabiendo que había la posibilidad de llegar a la carrera, cansado pero podía llegar. Tras tres horas de vuelo donde no pude dormir llegué a México D.F. para de ahí irme a la central camionera y tomar el primer camión a Tampico a donde llegué poco antes de las 6 am.

Algo entumecido pero ya inscrito no había de otra más que correr la carrera. No sabía que esperar. Había corrido 10 kms. el día anterior, viajado diez horas y muy apenas dormido, mucho menos en una posición cómoda. En algún momento mi cuerpo iba a decir basta, sólo esperaba que no fuera durante la carrera.

Menos de dos horas después de haber llegado a Tampico comenzó la carrera. El primer kilómetro fue rápido aunque con algo de subida y lo pasé en 4:03. El segundo tuvo una mayor inclinación y lo acabé en 4:17. Gracias a que el siguiente kilómetro era más plano mi ritmo aceleró a 3:53, siendo el parcial más rápido de la carrera. Con más de la mitad por avanzar esperaba que no me estuviera quemando muy temprano y parecía ser que sí porque el siguiente parcial fue en 4:17 pero pude recomponer el paso y volver a correr debajo de 4 minutos (3:57) para llegar al quinto kilómetro.

Con 20:27 ya podía hacer las matemáticas de que podía esperar para el final. Mi meta había sido correr abajo de 43 y siguió siendo esa. Algo de viento en contra puso mi sexto parcial en 4:21. Ya no me podía conformar con llegar bien hasta ahí pues estaba “cerca” del final. Aproveche lo plano del recorrido para un 4:07 en el séptimo kilómetro. Difícilmente podría volver a bajar de 4 pero no quería subir de 4:15. El octavo kilómetro me puso a temblar porque fue más lento (4:13). Era ahora o nunca si quería un buen resultado. El noveno kilómetro lo marqué en 4:15 por una subida que mermó mi ritmo pero ya estaba todo servido para poder cerrar. Lo había ensayado durante la semana, de chico era mi mejor arma y en la carrera no me falló. 4:12 fue mi último parcial para un 41:38. Mi mejor tiempo desde hace más de 18 meses.

No es mi mejor marca, ni estuvo cerca de serlo pero las circunstancias que lo rodean no podían estar más en contra de lo que sucedió. Los viajes, la lesión y la falta de trabajo apuntaban a que tardaría más para llegar a hacer eso. Aún no defino bien lo del maratón pero se que poco a poco estaré donde llegué a estar por mucho tiempo, al menos cuando me refiero al atletismo.IMG_1125.JPG

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