Luz y Sombra en el Gallinero

Me hubiera gustado que lo que estan a punto de leer fuera una hazaña heroica y tuviera un final soñado pero les advierto que será casi todo lo contrario debido a como sucedieron las cosas.

La ciudad de Querétaro tiene un espacio especial en mi memoria por la siguiente razón. Hace diez años, cuando corría para la Escuela Americana de Tampico tuve la oportunidad de representar a mi escuela en el Campeonato Nacional ASOMEX, que reúne a las escuelas americanas en México. No era la primera vez que participaba en el evento pero de entrada sabía que podía ser un año especial. La prueba que me tocó correr fueron los 800 metros planos. Una prueba que por lo regular se me complica ya que requiere de mucha velocidad y yo me desarrollo mejor con distancias más largas.

Muchas veces se me había negado la posibilidad de ganar este campeonato, ya sólo me quedaban dos años para graduarme de la escuela y la presión era considerable. No me quería graduar sin haber ganado al menos una vez. Para no hacerla más larga así sucedieron las cosas. Saliendo no tuve una buena salida ya que como de diez competidores empecé en el noveno lugar sin mucha distancia para recomponer el camino. Afortunadamente fui paciente y aproveche que algunos se iban cansando conforme transcurría la carrera. Con 400 metros por recorrer ya estaba en sexto pero como 40 metros por detrás del primer lugar. Era momento de empezar a atacar, y con 300 metros por recorrer empate al quinto lugar. A 150 metros de la meta ya estaba en cuarto y en ese momento era ahora o nunca.

Estaba como a 15-20 metros del líder y con 100 metros por avanzar. No sé de donde ni cómo logré cerrar esa vez. Lo que sí se es que entre a los últimos 80 metros en tercer lugar, ya tenía el podio asegurado. A 10 metros del final me colé en el segundo lugar y sobre la raya pasó lo que nadie en el Parque Querétaro 2000 se imaginaba 20 segundos antes. Pasé la meta confundido y volteando a ver a los jueces y a quienes había alcanzado en los últimos metros. Los 20 segundos después de cruzar la meta se me hicieron eternos pero al 21 me enteré que había ganado la prueba. ¡Era campeón nacional!

Esa terminó siendo la mejor carrera de todo el campeonato, tan buena que en varios lugares de la ciudad hubo desconocidos que me felicitaron por lo hecho en la pista. Así que me fui bastante contento de esa ciudad.

Diez años después regresé a la misma ciudad con la misión de hacer un buen medio maratón que me encaminara a la clasificación para Boston 2016. Quería correr por debajo de la hora y media para saber que aguantaba el ritmo que debo llevar en diciembre en el Maratón Internacional de California. Obviamente pasé por la pista donde me hice campeón nacional en busca de inspiración. Fuera de un pequeño dolor en el chamorro todo iba bien rumbo a los 21 kilómetros.

El domingo amanecí bien, me alisté y salí rumbo al punto de reunión. Estiré, fui al baño y calenté previo al reto y de repente pasó lo impensable. En el último ejercicio de calentamiento que consiste de pequeños sprints me tronó el chamorro. Pero no había vuelta atrás. Comenzó la carrera y los primeros diez kilómetros la supe llevar bien, sin un paso constante pero lo más cerca a mi objetivo. Pero luego arreció un poco la lluvia y el músculo que ya iba calentando se enfrió y entumio la pierna por completo. Como muy pocas veces, tuve que caminar sabiendo que el objetivo del día se estaba esfumando.

Entre caminando y corriendo me la llevé hasta 2 kilómetros de la meta para llegar al final tratando de hacerle el menor daño posible a la pierna. Obviamente molesto ni la medalla quería pero pues ya había pagado por ella. Me cuesta trabajo creer como todo iba bien hasta momentos antes de la carrera, ya estaba adaptado a la altura, a los entrenamientos fuertes y un sprint de menos de 20 metros arruinó todo. Ahora posiblemente tenga que correr otro medio maratón antes de diciembre para recuperar la confianza perdida ayer en el gallinero, pues el reto de correr un maratón por debajo de tres horas comienza a verse muy complicado.

Me he levantado de situaciones difíciles pero esta es especial por lo que esta en juego en diciembre. No hay mucho tiempo que perder, pues diciembre esta a la vuelta de la esquina y hay mucho trabajo por hacer. Esta semana tendré que comenzar un tratamiento para la pierna ya que es indispensable para poder correr tengo entendido. Parece ser que Acapulco será el lugar de la revancha el 9 de noviembre. El 7 de diciembre aguarda y ese día no habrá margen de error.

Pisando la misma pista donde me hice campeón nacional en el 2004.
Con mi mamá previo al Medio Maratón de Querétaro 2014.

 

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